Despues del discurso de Obama me dije que un día no muy lejano, a los cubanos se le iban a juntar el hambre con las ganas de comer...
--Para mis amigos europeos que no entienden nada--
No hace falta una bola de cristal para adivinar que un cambio se avecina a pasos agigantados para los cubanos. Y mientras el inventario de emociones crece con los días a favor o en contra de Obama, dentro y fuera de Cuba, lo cierto es que algo va a migrar en el cerebro de los cubanos después de la visita del presidente americano. Tanto su presencia física, - que incluye gestos, sonrisas y saludos amables --- como su discurso, -preciosamente elaborado- ha dejado a muchísima gente eufórica.
El pueblo cubano tuvo la oportunidad de ver con sus propios ojos a un mandatario de carne y hueso, que puede enfrentar una política internacional distintísima, un mandatario de verdad, que decidió ir a Cuba con su mujer, sus hijas y hasta su suegra, demostrando que el hombre del país más poderoso del mundo tiene esposa, hijas y suegra como cualquier hijo de vecino, y se pasea por todos los rincones de la tierra con ellas, mientras que la institucionalidad cubana no ha mostrado nunca, en 57 años de poder, una sola Primera Dama o una articulada familia presidencial.
Obama se presentó como hombre de pueblo, sin maquillaje populista, capaz de comunicar con todos los vasos sanguíneos de la sociedad. Conectó con todo el mundo ... era como ver al hombre sincero de donde crece la palma, como dicen los versos de Jose Martí.
Poniendo los pies en Cuba, puso a temblar a la opinión pública con su excesiva tolerancia ante los desplantes que le fueron propinando los Castro desde el día uno de su llegada: Ni recibimientos, ni paraguas, ni alfombra roja, ni pueblo con banderillas de bienvenida.
Muchos llegaron a decir que Raul Castro había puesto condiciones, que había alterado el protocolo a propósito, pensando en hacer desistir a Obama de su vista. Pero nada de eso pasó. Obama más íntegro que nunca, avanzo hacia su objetivo.
Y luego del mal trago de la conferencia de prensa del segundo día --- donde Raul Castro fue puesto contra la espada y la pared cuando le preguntaron si había presos políticos en Cuba--- (por cierto, una mala pregunta porque realmente ese no era el tema más importante en cuanto a la violación de los derechos humanos), llegó el tercer día: el momento mas esperado, el gran discurso que contra viento y marea superó todas las expectativas. Y me atrevería a decir hoy, que se convirtió en el preámbulo para un nuevo escenario ---no sólo para que los opositores al gobierno propaguen sus ideas--, sino también, para toda la sociedad, que desea conocer algo distinto. Como dice el refranero popular, un buen día, se van a juntar el hambre con las ganas de comer.
Obama dijo lo que tenía que decir. Sembró una semilla que necesitaba el pueblo de Cuba, ávido de aliento y de esperanza para romper con la camisa de fuerza que le puso el gobierno castrista durante todos estos años. Hoy los cubanos se sienten menos solos.
Y deberían tener claro que Obama no está tendiendo la mano, sino poniendo la pelota en su cancha de juego, -haciendo valer la vieja enseñanza zen que ha sacado adelante a la China: aquí tienen los recursos, ustedes sabrán que hacer con ellos.
Obama no se presenta como el padre de las casas ni como el salvador de un pueblo. Lo único que pretende Obama es la invasión económica: bombardear a Cuba de divisas y de internet para que los cubanos tomen conciencia y dejen de apoyar un sistema que ha dado claras señales de ser obsoleto. Él, por su lado, seguirá haciendo lo posible por convencer al Congreso norteamericano de levantar el embargo, que es otro sistema obsoleto y el lo sabe.
Con una diplomacia exquisita, desenmascaró la nomenclatura cubana. Y demostró que esa posición de enfrentamiento, -- con noción del enemigo incluida --, no es de actualidad y está en plena contradicción con los compases del siglo XXI, donde la guerra, en ultima instancia -es contra el brutal terrorismo que volvió a asomar sus narices recientemente en Bruselas.
Ahora queda por ver cómo se logra la dichosa unidad y la reconciliación entre los cubanos de afuera y los de adentro: Los de la Plaza de la Revolucion, de la Habana versus los del Versailles, de Miami. Dicen que en Miami hasta los más recalcitrantes - que vieron con reticencia e incluso con muy malos ojos el acercamiento de Obama con Cuba- han preferido guardar silencio cuando le preguntan por la visita y el discurso histórico de Obama. Mientras en Cuba, como era de esperar, el oficialismo intenta desmontar y diabolizar las palabras de Obama.
Lo cierto es que lo único que se proponga ahora mismo como pólvora, son los buenos efectos de su intervención maestra. Y es innegable que Obama, ---máximo representante del gobierno norteamericano---, se empoderó de la principal consigna de la Revolución cubana de una manera nueva y oxigenante:
"el derecho de autodeterminación, es del pueblo cubano."

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